Se trata de un informe de IPBES de Mayo de 2019 elaborado por 145 expertos y 310 colaboradores de 50 países alrededor del mundo, quienes revisaron más de 15.000 fuentes científicas y gubernamentales para realizar un diagnóstico del estado de conservación de los ecosistemas del planeta.

La velocidad con la que se están deteriorando sus ecosistemas no tiene precedentes en la historia de la humanidad y la extinción de especies avanza a un ritmo acelerado como consecuencia de las actividades humanas no reguladas. El problema es de tal magnitud que un millón de especies de animales y plantas están en peligro de desaparecer en las próximas décadas, en un planeta que presenta las tres cuartas partes de su medio ambiente terrestre deteriorado y aproximadamente el 66 % de los océanos alterados de manera significativa.
En el último siglo se han perdido la mitad de los arrecifes de coral, un problema que se viene agudizando puesto que si la temperatura del planeta se incrementa en 1.5° en los próximos años, la desaparición de los corales sería de 10% a 30% adicional. No obstante, si la temperatura alcanza los 2°, solo sobreviviría el 1% de los arrecifes en todo el mundo.

En el caso de los bosques tropicales, los más afectados son los bosques de Latinoamérica, región donde se está produciendo un gran impacto y que concentra gran parte de la biodiversidad del planeta, así como las mayores extensiones de ecosistemas medianamente intactos. La pricipal causa es la deforestación dada por la extensión de la industria ganadera y la agricultura intensiva.

“La vida a escala global se está deteriorando muy rápido. Y eso significa también un deterioro masivo de las posibilidades de todos a una vida digna y satisfactoria, no solo ahora, sino también en las próximas décadas.” Sandra Díaz, copresidenta del IPBES

Actualmente, los humanos extraemos más recursos del planeta y producimos más basura que nunca antes en la historia. La contaminación con plásticos se ha multiplicado por diez desde 1980. Entre 300 y 400 millones de toneladas de metales pesados, disolventes, lodos tóxicos y otros desechos de las instalaciones industriales se descargan anualmente en aguas del mundo. Los fertilizantes que entran en los ecosistemas costeros han producido más de 400 ‘zonas muertas’ en los océanos con una extensión de 245 000 kilómetros cuadrados, un área mayor a la del Reino Unido.

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